Anoche me soñé con Colin Farrel, íbamos a encontrarnos en el río Piraí, pero a la altura de la Angostura, yo tenía que ir a misa antes, y entonces él quedó en llamarme. En la Iglesia me encontré dos hostias en el piso y me las comí, entonces una monja que me había visto metérmelas a la boca, se acercó y me sacó a empujones de la Iglesia: “salvaje, las hostias no estaban consagradas”. Me las tragué de susto y justo en ese momento Colin Farrel me llamó para decirme que se iba a atrasar un poco porque tenía que estar a las 7 en una ceremonia para recibir un premio, pero que eso era máximo hasta las 8, que salía de ahí rajando al río, porque me extrañaba. Ahí me desperté.
Tengo un problema con el perchero que hay al lado de mi cama, creo que su punto de equilibrio no está donde debe estar, y que se requiere algo de Mecánica básica para colgar las cosas, es muy complicado y no es estimulante equilibrar algo así cuando estás triste. A mi me gusta dormir cuando estoy triste. Me pone triste cuando algo pasa o alguien dice algo que me hace sentir poca cosa o que no valgo. Sí, soy un poco insegura, me gusta que me mimen, que me hablen con cariño. Cuando me hablan feo reacciono a la defensiva, ataco cuando me siento herida, nunca antes.
Creo que por eso tengo tendencia a escapar y huir de las situaciones donde me siento desvalorada o poco apreciada, me voy antes de la herida, porque en el fondo creo que me asumo como una persona muy valiosa y me asusta la posibilidad de que esto sea sólo imaginación mía. Pero mi agresividad y evasión son un mecanismo de defensa, en el fondo soy alguien que requiere mucho cuidado y cariño, como una flor, como la rosa del Principito que se jacta de sus cuatro espinas y que estornuda y prefiere estar enferma para conseguir que la atiendan y la cuiden.
A veces lloro sola en las noches pensando que estoy completamente equivocada en todo. Pero también lloro con las comedias románticas, tengo una licenciatura en Comunicación audiovisual con especialidad en cine, así que a mis amigos que saben de cine les oculto que las películas que tienen finales felices donde el amor gana todas las batallas me hacen llorar, digo -como todo buen snob- que son malas y cursis porque son películas de verano hollywoodense.
Es una cosa de momentos y lugares exactos…creo yo… todas estas historias, las malas experiencias son fruto de la anacronía de estas cosas en tu vida. Y la verdad no creo que cuando esto se de, haya que conformarse, yo creo que estos momentos de sincronía perfecta con el destino existen, sólo que a veces no estás listo para verlos… o vos no estás listo o la otra persona no lo está y entonces es una suerte de pisos y ventanas de una torre de Babel donde simplemente hablás otro idioma, a veces el amor lo logra, a veces logra sincronizar el asunto… pero hay que tener capacidad de autorreconocimiento y de reconocimiento del otro… y deseo de hacer prevalecer el amor.
Sí, creo que me gustan mucho las historias donde la gente es feliz, plenamente feliz, donde no ves ninguna escena desagradable permanente, quizá porque están ocultas, quizá por que todo es perfecto y no existen… yo creo que es posible. Pensé en esto cuando vi The Savages, que lo bien que podás sentirte con vos misma, depende de vos, de sacar de tu vida las cosas que te hacen mal, que te hacen sentir que “no sos suficiente, que la vida es esto no más, que no te merecés lo que deseás….” No sé… es buena esa peli. Dura, pero muy buena. Útil. Mi amigo Pablo tiene razón, las cosas es mejor verlas no como buenas o malas sino como útiles o inútiles, la valorización es distinta, me parece que si las ves como buenas o malas, en algún momento podés sentirte víctima, mientras que si las ves como útiles o inútiles, siempre sos dueño de la situación.
Yo a veces no entiendo nada, ni lo obvio, todo me parece fragmentado, lleno de humo, lleno de imposturas, de absurdos, todo árido… a veces también tengo epifanías que me hacen entender cosas que están en niveles de abstracción bastantes fuera de mi, tan fuera que están dentro de otras personas, cuando esto me pasa me callo, todo me parece tan chiquito, tan infinito, tan milagro, tan sacro, tan azul claro… En general vivo un tregua continua con este ir y venir de la comprensión, es mi pequeño fantasma, no digo demasiado sobre ello, y cuando encuentro el momento o la persona para hablar de esto, siento ganas de sonreirle a la vida que pasa y agarrarle el culo. Porque en el fondo me siento sola en todo lo que creo, que lo que pienso son boludeces.
Creo que lo que los poetas dicen existe, que las mañanas desnudas, los abrazos eternos, los cielos azules, los mares impasibles y las manos que hablan están en esta tierra de hombres, en algún lado. Que las cosas son como las cantan, como las escriben, como las pintan los grandes.
Que los ojos lluviosos existen, que los caballeros luchan por sus damas, que los guerreros conquistan imperios por sus diosas, que alguien puede ser realmente capaz de extrañarte hasta verte en un sándwich de queso cuando no estás. Que puede insaciablemente mirarte y tocarte y acompañarte y empujarte a hacer cosas y hablarte y hacerte reir, y hacer cosas por vos, para hacerte feliz porque esto lo hace feliz, y puede hacerlo sin cansarse, incluso alguna vez a las 4 de la mañana luego de 12 horas de trabajo, si así lo amerita la situación. Creo que el amor es así. Es mi fe, veo a diario a la puta del vestido verde de Cortázar, la Esperanza, que dice que todo esto es posible.
Que los crepúsculos color sueño, los amaneceres sabor amor, las sirenas que vuelan en el mar mientras un mago las mira, los amantes abrazados que sobrevuelan ciudades, no están no más en los libros, en los cuadros, en las canciones, en las películas.
Pero bueno, quizá esto es mi modo de subjetivación, mi práctica de resistencia, mi proceso de crear una posibilidad de existencia distinta, de reinventar y afirmar una diferencia, de crear una manera de vivir, quizá sólo es mi deseo de desear.
