Posteado por: buenaventuras | octubre 29, 2007

Trascendencia e inmanencia

En la mujer se entra, todo converge hacia ella, hacia su misterios interior, pasivo y terrestre. El sexo es casi su esencia, pues no sólo abarca un desmesurado espacio sino que su tiempo vivo tiene o tendría -en condiciones biológicas normales- que estar ocupado casi íntegramente por el sexo y sus consecuencias. En tanto que en el macho el sexo casi no tiene importancia y únicamente la adquiere, aunque en intenso grado, en momentos de su existencia. De manera que cuando para el hombre termina el acto, para la mujer empieza. Apenas consumado, el hombre es libre, mientras que la mujer queda encadenada al acto que acaba de realizar, primero de una serie misteriosa y profunda que han de sobrevenirle; para los cuales se recoge en sí misma, se vuelve hacia el centro de su útero, que también es el centro de su existencia, busca la calma y la serenidad, la conservación de lo suyo, de su hogar -materialización externa de la matriz-, como lo prueban hasta los más oscuros símbolos oníricos. Y así, mientras ella se encierra en su casa, el macho se lanza a la aventura, a la conquista de otras realidades físicas o espirituales. El hombre se trasciende constantemente, en tanto que la mujer se encierra en su inmanencia.
Podemos pensar el mismo problema desde otra perspectiva: el hombre tiende al dinamismo, la mujer al estatismo. Siendo el espacio la dimensión estática y el tiempo la dimensión dinámica, podríamos afirmar que la mujer es espacial y el hombre temporal. No es asombroso, por lo tanto, que en todas las tradiciones y mitos la tierra, espacio por antonomasia, represente a la mujer: para los indios, la Tierra –Prithivia– es la madre del género humano; Démeter es a la vez la diosa madre y la personificación de la Tierra; en casi todas las mitologías se habla de “la madre Tierra”. En la tierra acontece la reproducción de la vida en sus formas más primitivas y la simbología arcaica vincula siempre la fecundidad terrestre a la fecundidad a la fecundidad de la hembra, así como vincula el arado al hombre que rasga a la mujer y la abre para la maternidad: arar la tierra es símbolo de cópula en los sueños y en los mitos.

Ernesto Sabato. Heterodoxia


Responses

  1. Que buen texto. Sabato siempre tan exacto y profundo; tal delicadamente consecuente.
    Verito; me encantó tu plato perfecto. Habrá que compartir uno cuando vengas a SCZ.
    Abrazos.

  2. Sí JP, Sabato, siempre tan exacto y profundo. Es un trato lo del almuerzo. Abrazos van para vos hasta mi tierra hermosa.

  3. Es la primera vez que un arado me ratonea…
    Es interesante ver también como esta trascendencia e inmanencia están presentes en nuestra cultura moderna y los matices que ponen en cierto progreso por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer. Las diferencias enriquecen.

  4. Pues que chistoso, porque yo me siento libre cuando hago el amor con mi esposo. Y no usamos ningún tipo de protección.
    No generalicemos, hay de todo en este planeta.
    Creo que los hombres también son un misterio para las mujeres.


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