Posteado por: buenaventuras | julio 11, 2007

Construcción

Todo entró con la nevada, hace dos días,  empezó a hacer un frío húmedo, quizá por eso lo primero en llegar fue la nostalgia de surazos pasados, meses, historias, noches, eventos, rostros, manos, palabras, sonrisas, besos, abrazos, imágenes como lluvia, como lluvia persistente, así son los recuerdos, dicen… yo no suelo recordar mucho, justamente porque cuando lo hago, lo hago mucho.

Esa noche, no pude dormir, el frío, la nostalgia, tantos rostros en mi puerta, tantas risas guardadas, palabras que uno quisiera volver a oir, voces amigas que siempre te dicen lo que  uno necesita escuchar en el momento en que lo necesita escuchar.
Me desperté como 5 veces a lo largo de la noche, me levanté 3, a  ponerme las pantuflas para mayor abrigo, a ponerme las polainas con el mismo fin, y a verificar si la ventana del cuarto estaba cerrada. No fue una buena noche, por ningún lado. El frío, la nostalgia, el insomnio.

La mañana siguiente fue emblemática (estaríamos hablando de ayer) estaba bajando en el trufi, al trabajo y entonces lo inesperado, lo improbable, lo no negociable con el azar, todo el camino, y acá hablamos de unos 25 minutos, (desde la Plaza Murillo hasta Calacoto), la radio del trufi puso uno tras otro, taquiraris… Doña Gladys Moreno, los Cambitas,  el Carretero, Novia Santa Cruz, Madrugadas, etc. Primero empecé a tararearlos, luego a medio cantar los que me sabía… y luego una lagrimela, y luego otra… Nostalgia, dije. Doñita, hace rato que no la veía por acá, en mi casa.

Sucede que , y esta la razón principal por la cual no suelo recordar, la nostalgia nunca viene sola, yo no siempre he sido (ni lo seré, creo) buena anfitriona. En los últimos 9 meses, exactamente, porque parto del 11 de octubre, mi vida ha tenido tantos cambios como cualquier persona promedio tendría en un lapso de 5 ó 10 años. Los cambios son necesarios, dicen, es señal de que la vida avanza de que las cosas que hacés dan frutos, o de que caminas (luego de 9 meses, algo voy a prir, no?). A mi los cambios tan seguidos, me provocan un sentimiento de inestabilidad, vacío y soledad, como toda buena mujer, soy no más hogareña, y como todo buen latino (creo)  aferrada a  las cosas que de cierta manera me hacen sentir parte de algo, alguien, esas cosas que me dan identidad (con roles y demases)… mi ciudad, mi gente, mi familia, los amigos, mis hábitos, mis gustos, mis costumbres, y esas cosas que te dan un nombre tácito que te hace reconocerte cuando estás en una multitud.

No puedo hacer un conteo de las cosas que recordé en esos 25 minutos de viaje, ni en las 24 horas subsiguientes, hasta hoy. Primero, porque fueron demasiadas, y segundo, porque a mi me vienen los recuerdos como imágenes, fijas… como fotos. Tengo muy mala memoria, pero los momentos, que siempre he considerado los  mejores regalos de la vida, los guardo muy fijos en la memoria, por eso no guardo objetos, por eso no me aferro a cosas materiales, por eso también mis recuerdos son libres en el tiempo, por eso también cuando vienen lo hacen con tanta nostalgia…Recuerdo una vez (y esta fue una de las tantas imágenes que se me vinieron) que hablábamos  con Pablo sobre la nostalgia, él la descompuso etimológicamente en: Nos (casa) y algia (dolor), e intentamos entenderla, esa fue una de las tantas cosas que aprendí con él, aunque al final no hayamos podido entenderla, sino simplemente reconocerla. A partir de allí, las imágenes del pasado, muy pasado, se fusionaban con el pasado cercano, y con el presente, e incluso con los futuros (el imaginado, el proyectado, el espectado, el deseado, el temido).

Vi una obra de teatro esa noche, anoche, en una escena los personajes simultáneamente actuaban haciendo una alegoría de cómo los pensamientos actúan a veces en tu cabeza, al mismo tiempo y a toda velocidad. Muy bueno, muy acorde a lo que yo pasaba en esos momentos. Estaba con Sergio, luego fuimos un rato a mi casa, no sé si llamarla así, mi espacio, mi mundo físico actual. Y me llenó la misma sensación esa de inestabilidad, vacío y soledad, porque al llegar recordé que en unos días debo trasladarme. Sólo que esta vez, lo sentido se maximizó, cuando estás solo es más fácil, cuando está alguien a quien quieres y ese alguien no se siente cómodo o no le gusta estar ahí, o lo hace por un sentimiento de reciprocidad/responsabilidad/obligatoriedad… es más difícil. Ahí sin quererlo, la nostalgia se matiza con la tristeza, y no es que sea peor, sino que es más densa. Algunas cosas se hacen vapor, otras te dejan un halo de dolor, y al final te das cuenta que lo único que tenés ciertamente fijo ese momento son esas imágenes de momentos pasados que marcaron de alguna manera tu vida, tal como en unos meses tendrás estos momentos presentes que te recordarán momentos claves de tu vida. Al final de cuentas no se sabe nada de cómo funcionan estas cosas.

Sergio se fue, …. aguantó buen rato (valoro el esfuerzo por acompañarme allí). Y ahí estaba yo otra vez,  con los rostros en la puerta, y las imágenes pegadas en cada pliegue de mi mente. Me fumé un cigarro, intenté mirar una peli; pero al final preferí hacer un conteo y recibir con cariño todas esas cosas que a veces siento que me hacen mucha falta. Las cosas que son parte de mi modo de ser, y de mí misma, cosas y personas. Uno piensa que son cosas trascendentales, o cosas grandes; pero al momento de recordarlas te das cuenta de que algunas son muy pequeñas, como un copoazú en esa pescadería en la plazuela Callejas, o un pedazo de sonzo en Las Delicias; o imágenes más trascendentales como ese amanecer glorioso a orillas del Mamoré en Guayaramerín, mi viaje a la Chiquitanía, la vista de la serranía de Santiago de Chiquitos, ese riachuelo en Roboré, niños corriendo y lanzándose en la laguna de Yaguarú, las noches oscuras y de violín en Urubichá, las orquídeas en Concepción, los cuñapés de San Javier, los chorizos de Portachuelo, el queso de Gutiérrez, la miel de Cuevo, y otras cosas.

No es que esté mal aquí, me gusta La Paz, tengo un trabajo que tenía planificado en mi vida profesional para un futuro, y que  aún me cuesta  creer que estoy haciéndolo tan pronto, es sólo que el no sentirme ya afincada en un lugar, me hace añorar los recuerdos estables en mi memoria. Ahora que me traslado, más cerca de la familia, quizá esta nostalgia se vaya por un tiempo, yo no sé.Es innegable que extraño muchas cosas, mi hija, los buenos amigos, las buenas charlas, los vinitos en el Café 24, mi hija, los crepes del Lorca (incluido aquí la bella sonrisa de Ubaldo), las noches de guitarreada en Peko’s (cuando cierra y queda sólo para los imprescindibles), mi hija, las charlas largas y autodescubrimientos con Gary y Puky, los arranques de Vivi,  las noches de vino con Sebas y Darwin, las trasnochadas en casa de Sebas haciendo nada más que hablar de la vida, mi hija, las noches de tango, mi padre,  mi barrio, mi hija, la plaza de la esquina, los heladitos de leche de la tiendita,  mi hija, mi cuarto azul, mis cortinas, la cocina de mi casa con el interruptor de luz mal ubicado (hay que entrar a oscuras y encontrarlo detrás de la heladera), mi hija, el guapurú de mi casa, Samaipata, mis abuelos, los duraznos y las rosas de mi abuelo, esas épocas de carnaval de niña con mis primas, los globos, las caminatas al Fuerte con mi abuela., buehh… No es que prefiera mi pasado o sintiera que entonces era más feliz, sino que cuando la soledad y la nostalgia aparecen, todo esto te acompaña, y llorás… si, pero es esa nostalgia como la viven los brasileros, saudade… la nostalgia que se siente con alegría, porque sabés que eso estará siempre en vos y que podés volver cuantas veces querrás.Por eso este post, que creo que después de la historia de Amandine, es el más largo que he escrito, es un homenaje a lo que para mi siento como identidad, a lo que siempre vuelvo emocionalmente, porque  es lo que soy: Mi Santa Cruz.

Además quiero dedicar este texto a todas las personas que de alguna manera me acompañan siempre, a mi Marijo hermosa que tanto me hace falta, a mi padre  y mi madre, que aunque renegando siempre me han tenido fe, y están chochos de que todo me esté saliendo bien en la ínclita ciudad del Illimani; y a Sergio que no siempre entiende mis tristezas; pero que siempre me da su apoyo.

 

Cierro el post con algunas de esas imágenes fijas que guardo en mi memoria y un fragmento de un poema de Ruber Carvalho.

 

Gary y Puky, dos grandes y maravillosos amigos. (Una noche yo rogaba que alguien me rescate de una cena de trabajo.)
 Aquí, en Peko’s. 

amigos2

Cuti  y David en una fiesta Africana. (Pablo sacó la foto)

 amigos

 Atardecer desde la ventana de mi antigua oficina en la Prefectura.

 atardecer

Las flores de Fer en el chat.

florflor2

Las noches de literatura, vino y política con Darwin y Sebas.

malevos

Mi hija

mj

 Mi padre y la niña Vero

papá

Con Pablo en OZ. (Enrique sacó la foto)

con Pablo

Lau y Marcia, en los buenos tiempos.

nk

Mi hija

tp

Lutchi

luchi

El Tigro, chucuta; pero ninguno como él para tocar taquiraris.

tigro

Las tiras cómicas  de mi amigo Biel. (él está en España; pero me recuerdan un buen momento en Santa Cruz)

biel

 Mi Vivi, cuando la llevé a la tumba de Don Jaime.

viviyami

En San Miguel de Velasco, en mi gran viaje por la Chiquitanía

chiu

En el río de Roboré.

chiuy

Bibosi sin motacú, en un bosquecito en San Rafel de Roboré.

vhu

Los regalitos de Lau.

lau

En el jardín de mi casa. U n día de felicidad plena. (Marijo sacó al foto)

vf

“… Porque en las tejas coloniales de tu techo

nace la flor de pitajaya.

Porque llegué a tus aleros buscando

un vaso de agua para mi sed de peregrino

y me ofreciste la tinaja repleta de tus ríos.

Porque me diste un pedazo de tierra

para desenrollar mi estera de totora movima

y una sombra para mi descanso.

Porque acompaño tu crecer y recojo tu esperanza

en la esperanza de mi hija

que lleva tu horizonte en sus pupilas.

Porque me gusta el sabor de achachairú,

la ambaiba y la guayaba y la espesura total

del motoyoé, tu árbol mágico.

Porque tu carcajada resuena en el surazo

y tu sonrisa se hace un canto universal

en los rostros de belleza sin par de tus mujeres.

Por eso…

Porque tu modo de ser es mi costumbre,

te amo, Santa Cruz!”


Responses

  1. Yo tb te nostalgio ( esta bien dicho eso?)

    Snif…

    Snif..

    Buuuu…

  2. Algunos habitamos de forma más frecuente la nostalgia, yo soy inquilina desde siempre y desde lejos de ese lugar de (des)encuentros. Que te puedo decir…solo que he aprendido que hay que nostalgiar lo suficiente, lo necesario. Porque uno no sabe lo que le espera mañana, seguro más nostalgia pero de otra(s) cosa(s) y no hay que gastarlas. Hermosas fotos, especialmente la de mi hermanito Tigro, a quién -igual que tu- extraño y alegra mis días siempre.

  3. Lau,

    suerte mañana.

    VeroVero,

    te mando un abrazo, y hoy te tendremos presente en el cumple de la Clarits. Obvio que te vamos a echar de menos en el festejo.

  4. Este sea quizás el post más lindo y completo que he leído en tu blog.
    Qué lindos recuerdos.
    Cosas muy bellas has vivido y seguirás viviendo, querida Vero🙂

  5. Sebas,

    Gracias… vos sabés cómo es. Te mando un abrazo mediohorístico (de media hora, digo)

  6. wuau, cuanta nostalgia cabia en 17″ de pantalla (ahh son 19″ jeje)… pufff, leer de La Paz me pone nostalgioso, como si hubiera pasado tanto tiempo alla yo no? jajaja… en fin.
    la foto de la prefectura tmb me trae recuerdos.. ese cielo cruceño… no se, no lo he visto en otro lado.

    y esta noche yo ando nostalgioso por cortesia de Jose Cuervo.

  7. Esas nostalgias/saudades son asfixiantes, sobretodo cuando extrañas abrazos alrededor de la cintura, de los que solo los hijos saben dar.

    Un abrazo enorme. Fue lindo verte – aunque sea unos minutos – el miércoles pasado.

  8. SS,
    lindos atardeceres, no? los del lago Titicaca, son espectaculares también… por si se te antoja volver a LPZ pronto.

    Vania,
    Si, vos me entendés… no?. Fue lindo verte igual. Un beso.

  9. ¡¡¡Querida!!!

    Tu sonrisa acompañada de todo tu entrañable lenguaje corporal son presencias que se extrañan en esta mágica ciudad.

    Prometo tomarme una copita de Frangélico a tu entera salud.

    Un abrazo tipo Toborochi.

  10. ¡Querido!

    casi me hacés llorar! si no fuera porque tengo los guantes puestos, un saco verde palmera y afuera está granizando, fija que se me salían algunas lágrimas.

    Me emocionaste, che…hasta me acordé de la primera vez que tomaste frangélico, y el casi divino maltagliatti con tocino y puerro, y ese lugar ya tan nuestro como el Sant Honoré. Ya me vino la nostalgia. Che y ya tienen copoazú otra vez?

    Tomáte ese frangélico a mi salud y cométe un plato de maltagliatti con harto, harto, haaaaaarto parmesano a mi provecho.

    un abrazote tipo buenaventuras. je!

  11. Vengo del Sant Honoré.

    Frangélico… Hecho.
    Maltagliatti con tocino y puerro… (ah, y sobredosis de parmesano)… Hecho
    Cupuazú… Nada che.
    El eco de tu sonrisa insobornable… Aún presente.

    Te quiero un montón.

  12. tus fotos son bellísimas

    besos


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