Posteado por: buenaventuras | mayo 25, 2007

Escisión masculina de la realidad

En el hombre el sexo es un apéndice, no sólo desde el punto de vista anatómico sino también fisiológica y psicológicamente: está hacia fuera, hacia el mundo, es centrífugo. En la mujer está hacia dentro, hacia el seno mismo de la especie, hacia el misterio primordial. En el hombre el semen sale, es proyectado hacia fuera, como su pensamiento hacia el Universo; en la mujer, entra. Esa proyección masculina implica separación, escisión, desvinculación del hombre respecto de su simiente. En la mujer, al contrario, implica unión, fusión.
Cuando el acto carnal termina para el hombre, para la hembra comienza. En cierto modo, la mujer es toda sexo.
Por eso, tal vez, y como lo sostiene Jung, a pesar de ser la mujer una criatura esencialmente erótica, para ella la relación sexual tiene menos importancia que la anímica; en tanto que los hombres tienden a confundir eros con sexualidad y creen poseer a la mujer cuando la poseen sexualmente, siendo que en ningún momento la poseen menos, pues para ella sólo importa de veras la posesión erótica, es decir anímica, sentimental. Eros es, en suma, “relación entre almas” y es el principio supremo de la mujer, así como el logos, “interés por las cosas”, es el principio supremo de la masculinidad.
Como consecuencia de su caracterología sexual, centrífuga, el hombre tiende a crear otra realidad, que se añade a la natural: la realidad cultural, con su técnica y sus ideas, con su ciencia y su filosofía, con su arte y su literatura. En tanto que la mujer tenderá a reunificar la realidad escindida por el macho, volviendo lo cultural al seno materno, es decir, al seno de la naturaleza primordial y eterna, humanizando y animizando las cosas inertes, la técnica y los productos del arte y de la ciencia, psicologizando todo. Para la mujer las ideas puras no existen y no tienen sentido, son casi un juego descabellado, prolongación de la insensatez infantil. Y si las tolera, si las escucha y hasta si las admira es en virtud de su maternal ternura por los seres (los hombres) que quiere y que es capaz de admirar hasta en sus actos de demencia.
Excepto cuando advierte que esos misteriosos sistemas de ideas confieren un misterioso poder a los hombres. Pues entonces actuán sobre ella las dos fuerzas, siempre admiradas, del misterio y del poder. En esos instantes cumbres se suele ver a las mujeres, perplejas, extáticas como ante un ídolo, boquiabiertas, musitando frases como: “Y yo que lo creía un loco…”. Es, tal vez, la frase que ha de haber pronunciado la señora de Cristóbal Colón.

Ernesto Sábato. Heterodoxia.1953


Responses

  1. interesante, me apunto el libro pa leerlo… abrazos

  2. me gusto la parte de que el hombre crea otra realidad y q nosotras somos más para adentro… pero siempre viendo q la locura es buena… o no?? chuchas es q estoy escribiendo mientras veo tele… ayyy Heroes😛 chauuu

  3. chee!! sin querer haciendo zapping vi el cap. 20 de Heroes…ya se demasiado, demasiado demasiado…no se si me voy a ir mañana a la paz, estoy viendo un curso cada 3 semanas auspiciado por la George Washintong University acá…a ver como sale el financiamiento.. chau!

  4. Gina,
    voy a ir colgando más recortes de ese libro.

    Claritss,
    contaaaaaaaaaame, el 20? dió mío!


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