Posteado por: buenaventuras | enero 7, 2007

Borrasca y calma

   Fue un espectáculo de inenarrable belleza. Ella y sus disposiciones. La insoportable iluminación de un ascensor  no opacó las extrañas intenciones por las que dejó todo y ahora estaba ahí, viendo cerrarse esas puertas metálicas como cuchillas eliminando cualquier posibilidad de regresar, ya no le quedó otra que apretar el botón y sentir -en la soledad infranqueable de ese momento- cómo se elevaba hacia aquello que apenas podía construir como un pensamiento posible.  


El futuro como maniobra ajena a las manos que sostenían nerviosas un puñado de aire y nada más, el espejo irritante, el reflejo ajeno que decía al mismo tiempo “frena y baja, sigue y sube, camina, detente, habla, calla, desea, no sientas”, eran como  los elementos dentro de una caja sin entrada ni salida, y si ya estaba ahí no quedaba más que salir cuando el aparato se detuvo  en el piso escogido. En su estómago habitaban al mismo tiempo venados y  lagartijas, conejos y gavilanes, gaviotas y cóndores.
 
Caminó por el pasillo  buscando la letra correcta, y a cada paso se decía “qué haces aquí, qué vas a decir, qué vas a escuchar, qué vas a mover,  qué vas a recoger”, todas esas frases posibles dispuestas en un mismo plano, el arte de la espontaneidad  reducido a un procedimiento aduanero; y las palabras congestionadas en la garganta como cajas de encomienda en época navideña. Recorrió en casi 3 minutos ese pasillo reflexionando taciturna que jamás, nadie, nunca le provocó semejante cantidad de sensaciones al mismo tiempo.  


 Llegó a la puerta, suspiró y se resignó a la exposición de  sus penumbras. Tocó el timbre, el tiempo se detuvo y la puerta se abrió, él la abrió. El miedo a ser recibida por esa mirada de cazador  cauteloso a la espera de su presa se desvaneció con una sonrisa de bienvenida  que iluminó todo el ambiente. Se sintió flotar en esa inmensidad y se dijo a sí misma “¿qué hay detrás de esa mirada?”, y aquel reflejo en el espejo del ascensor aún dentro de ella, le respondía: “tal vez algo depravado, ¿no sentís que está ahí esperando por vos para devorarte?”;  pero ni ella entraba, ni él la invitaba a pasar. Quizás ninguno sabía qué hacer en ese momento, quizás ambos estaban sorprendidos de que ella estuviese ahí, con dos pretextos, dos libros, dos regalos, dos pases a bordo, dos delitos.  


Hizo un gesto heráldico, una sonrisa, un movimiento con las manos, y dijo:  “¿querés entrar?”. Ella pensó: “laberinto de mundos para entrelazar, tanta belleza en dos ojos, en una sola boca. No digas nada, no hay nada qué decir cuando hay una orden suprema que sólo hay que obedecer”. Y ella entró. Y convertida en olas de mar, sucumbió ante la callada sabiduría de las manos de un  dios de arena. Y así, ceremonial, el movimiento de arena,  olas,  espuma, hicieron de la marea un temblor mutuo y ambos -como tallo y estaca- se sostuvieron para no caer en la certidumbre de las cosas precisas y comprimidas, porque en aquel vaivén musical conspiraba la necesidad de adentrarse en mundos sin perímetros y bailar hasta el cansancio. Y así fue, tal como el sonido del mar, lleno de bramidos y susurros. De borrasca y calma.


Responses

  1. Un reflejo ajeno en el espejo (“desea, no sientas”); un conejo y condor en el estómago, un procedimiento aduanero para la espontaneidad; un cazador que ante su falta de habilidad para cazar (¿o para hacerlo?), sonríe; una presa que no sólo se entrega, sino que se procura “dos pases a bordo”; una orden suprema y unas olas de mar sumisas ante los cristales de la orilla. Toda esa borrasca, todos esos bramidos!!! Que bello, que hermosa narración Vero, menos mal que al final llegaron el susurro y la calma.

  2. No me voy a hacer el crítico posador o el rebelde que se baña cuando quiere, pero tus cuerdas están sonando como nunca y la canción que salga puej seguro que moverá algún mújculo.
    Yajtá.

  3. Sergio,
    menos mal (o más bien) que al final siempre llega el susurro y la calma.

  4. Mi queridismo Darwin,
    para las figuras no hay quien te gane, no? Un comentario tuyo, de verdad que mover un músculo tuyo, tiene que ser un logro. Gracias. Un abrazo.

  5. Hermoso relato. Me encantan que ella haya sabido usar sus pases a bordo para convertirlos luego en borrasca y calma.

  6. que linda metáfora, Vania.
    Che , entré a tu blog, pero no pude comentar, será problema mio?.. La estás pasando Bomba en Chile, no? qué bellos se ven tus enanos… Aiii no veo la hora de poder hacer ese viaje tan deseado al mar, con mi Mari Jo.

  7. Ya llegué querida Vero del Arenal. Te cuento que no puedo escribir % a” en mi blog, solo sale la letra a. Qué será? quiensabe no se puede escribir a y talibanes en una misma publicación jejeje.

  8. Vania… jajaja… quizá.. quizá no se puede hacer eso…no?

  9. Pocas veces, y no exagero, porque han sido muy pocas, he logrado conmoverme con un relato que tiene como tema central la entrega (ya sea amor o sexo); y es que debo confesar que hay un halo de ingenuidad, ternura y timidez, que se ve coronado (gracias a una decisión) en el reconocimiento de un dios de arena y de una sabiduría en las manos que concluyen en borrasca y calma, no podía ser de otra manera. Es un relato muy muy limpio y honesto, se asume la debilidad y se reconoce la supremacía, pero no se lo hace con mal sentir, sino con la alegria del reconocimiento de que ese es el equilibrio perfecto para originar música en la entrega, y no bulla. Perdona que me extienda o que intente interpretar, es sólo que me gustó mucho el relato, y no pude evitar repensar tus frases. Gracias.


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