Posteado por: buenaventuras | septiembre 5, 2006

La rueca de Aurora II


Sosiego. Silencio. Se antojó entrar donde nadie había entrado. Quietud. Después de ellos, sólo la palabra.

Él, es y luego no existe. No está en el principio. Y así, recibe su fatalidad. Montado en el andamiaje del mundo al que obedece… donde el sueño debilita la singularidad como la caries a un diente. Y se afloja… relaja su yo en una fascinación ebria, sin actitudes de protesta, sin lecturas semiológicas, sino de consigna, de falsificación si se quiere, pero no de fantasmas. De su cuerpo surgen pasajes en los que lo que existe se menea como una puerta giratoria hacia una casa en la que no hay ninguna otra intimidad distinta de hablar de nada o de todo, un galpón bajo el cual se guarda una mercadería que no se puede mostrar porque le falta el nombre.

Ella, es un triste viaje en tren. Un tren de aquellos que ha empezado a envejecer. Sus ojos son como una tarde de domingo llevada de la mano de un arcángel. Su boca es como la primera mirada a través de una ventana mojada por la lluvia en una casa nueva. Su cuerpo son calles vacías de gente, en las que los silbidos y los disparos fijan la providencia. Y ningún rostro es un rostro en el grado en que lo es el verdadero rostro de su esencia. Dentro suyo hay oscuridad, antesalas a modo de pasadizos en los que uno no es capaz de encontrarse. Un salón en el fondo del mar, como un antiguo e incomprendido café con mesas y parejas en una luminiscencia de índigo profundo. El último local para el amor.

Ambos estaban en un cuadro de Chirico, se medían en las sólidas periferias de sus fortines interiores, que primero habían de ser emboscados, luego conquistados y ocupados para llegar a subyugar a su destino, dominar lo que es suyo en el destino de sus multitudes. Subrayaron patética o fanáticamente el lado misterioso de lo misterioso, y no pudieron avanzar. Más bien comprendieron el misterio sólo en la medida en que lo reencontraron en lo cotidiano por la dialéctica que distingue lo cotidiano como misterioso y lo misterioso como cotidiano.

Todo esto bailaba de un lado a otro, al ritmo de una trova dulzona y timbales de salsa cubana, como una nube de mosquitos, todos sepa­rados, pero todos admirablemente custodiados por un lienzo invi­sible, bailaban de un lado a otro en la mente de ella, donde todavía colgaba el signo de su respeto por él.

Por su parte, él y su rostro eran una placa de rayos X.

¿Cómo imaginar que se configuraría algo sustancial en el instante en que ambos se dejaron determinar por el coro de una cumbia villera?

Fallaron, porque con la realidad no se puede jugar, por que a los que se burlan de las conflagraciones del destino se los prepara para un éxodo hacia esa tierra legendaria en la que se ahogan nuestras más vehementes esperanzas, donde naufraga la fragilidad de nuestras canoas en medio de la incertidumbre, donde van siempre las mismas olas rompiendo un espacio tras otro.

El, tenía estrellas en los ojos; ella, velos de lluvia sobre el cabello, azafrán y vio­letas silvestres …¿en qué estupideces estaba pensando? Había montado el andamiaje, había trepidado y se había estreme­cido; y ahora él desafiaba los hechos, y concebía anhelos vacíos; peor aún: mentía.

“¡Maldita sea!”, dijo ella. Pero eso también era nada… Hoy era simplemente Nada… Mañana podría ser . Y podría; pero no con la bajada del pluviómetro y con el viento soplando del oeste con tanta insolencia, rasgando los vaporosos velos de la verdad, tan cruelmente. Le parecía a ella que era un agravio terrible contra la dignidad humana, donde no había nada que contestar, sino dejar pasar la ventolera sin protesta. Aunque estuvie­ra buscando, a tientas, alguna proposición para un estado de ánimo distinto; pero no había nada que decir.

Y se durmió… con el sonido breve de un despertador que a cada minuto le anunciaba sesenta segundos más, y luego sesenta más, y sesenta más , y…


Responses

  1. felicitaciones x la nueva casa. ta chida… pero y los ojos inmensos esos que te escudriñaban? onde quedaron??

  2. ufff… buehh.. estee.. la verdad que ganas de volverlos a poner no me faltan…; pero la verdad, que no tengo los dotes informáticos para hacerlo… jejejej


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