Posteado por: buenaventuras | julio 5, 2006

Fins Ara

Al cabo de 12 días había asistido a 17 velorios, 12 entierros y 25 misas de novenario. Buscaba la manera de aprender a sobrellevar el duelo, buscaba reconocerse en la tristeza de los demás.

Era como un subterfugio. El ritual de los abrazos, las lágrimas ajenas, los pésames. Los discursos de despedida son fáciles cuando despedís a quien ya se ha ido; pero y si aún está ahí, cómo lo despedís? Cuando sabés que no ha muerto, cómo llevás su duelo? No es lo mismo decir “Adiós, descansa en paz”, que decir “Chau, que te vaya muy bien”. Tampoco es lo mismo el que se va porque se va; y el que decide irse por dejar. Ni es lo mismo partir que huir. Él trataba de aprender esa diferencia. Aprender por qué la gente se resigna a llorar a sus muertos, y él no. Por qué llora la gente?, por qué no siente rabia, por ejemplo?

Trataba de crear un discurso para ese ritual del adiós, para poder empezar, por fin, la etapa del duelo. Pero no podía despedirse, porque le parecía imposible que el olvido le gane a esa presencia ubicua de ella.

Tan fácil fue para vos ganarle a la memoria, desechar los rezos, el tacto, el sabor, el olor, las palabras, los silencios… Fue tan fácil despertarte un día al alba y que ese hecho fortuito determine transformar tu expectativa en espanto.

Es que acaso no es posible ser permeable a las señales del destino, a la magia, a los milagros? Es que acaso para vos sólo es posible ver lo inalterable?

Ante lo sublime inminente es mejor irse, no?. El amor para vos, no se acerca, amenaza. Decime ¿cómo se va uno tan fácilmente de esto?

Te lo pregunto porque yo aún sigo sentado aquí en este parapeto al borde de un abismo, de espaldas al sol, tratando de digerir tu ausencia.

Al cabo de 21 días había asistido a 34 velorios, 29 entierros y 65 misas de novenario; y su discurso seguía siendo exactamente el mismo.

No es que no haya aprendido algo sobre la ceremonia del adiós, el padecimiento debe tener una digna elegancia. El amor no puede perder su garbo, ni siquiera cuando sufre. Por eso ahora lustraba sus zapatos para ir a los velorios; y vestía traje en los entierros.


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