Posteado por: buenaventuras | julio 3, 2006

Qué yetera!

Entró a la oficina de objetos perdidos como alma que lleva el diablo. Traía el bolso abierto, y el pelo revuelto.
Al otro lado del mostrador, con la parsimonia calcada en los lentes, la encargada le pidió el ticket.

-Cuál ticket?- le preguntó dislocada
-El de su turno.
-No tengo el ticket, la señora que venía me cedió su lugar.

Es difícil conseguir la razón en este tipo de oficinas cuando no tenés el ticket; pero el rostro de desesperación, sin ánimo de generar compasión, consiguió convencer a la oficinista.

-Su nombre?
-Victoria.
-Escriba aquí el detalle- le dijo mientras le extendía un formulario.

Ella miró fijamente la placa que la señorita llevaba en el uniforme y mientras le devolvía el papel le dijo:

-Mire Maria Clara Martínez, no tengo tiempo para llenar este
formulario. Necesito que me ayude.
– Cómo no, ese es mi trabajo, pero necesito que me llene el
formulario. Debe quedar una constancia de su reclamo.

Expiró con fuerza, como dándose paciencia; y con resignación aceptó, llenó el formulario y lo entregó. La oficinista recibió el papel y mientras revisaba el texto movía la cabeza asintiendo y pareciendo comprender, repitiendo una y otra vez, mjum, mjum, mjum. Al cabo de un minuto.

-Ya. – en tono solícito- Usted perdió un sapito.
-Si
-Tiene un registro descriptivo del objeto?
-Un registro? Descriptivo? del objeto?- preguntó atropelladamente
-Si, una fotografía, por ejemplo.
-Nooo- le dijo alterada.
-Cálmese, por favor.- le dijo haciendo un gesto con ambas manos-
Este sapito, era una de esas figuras con incrustaciones de piedras
preciosas, o algo así?
-No, era un sapito.. Un sapito , así tal cual
-A ver… vamos de nuevo – continuó, ahora en tono maternal- Usted
perdió un sapito.
-Si
-Ayer.
-Si
-Lo perdió en la plaza central.
-Si, en una de las jardineras
-Este sapito…¿es un artículo de valor?.
-Y cómo voy a saberlo, si lo vi un instante, y luego ya no estaba.
-Y había alguien más por ahí cerca? O cómo cree que se movió de
allí.
-Saltando, me imagino, como todos los sapos.
-Ah pero es un sapo de verdad!!!- le dijo con sorpresa
-Claro.
-Un batracio, uno de estos bichos anfibios. Un sapo?- preguntó
desconcertada
-Si.
– Y es suyo?
-No…
-No es suyo?
-No
-Y por qué lo busca entonces?
-Porque que me urge encontrarlo.!!! – gritó con el 0,000001 de
paciencia que le quedaba.

Maria Clara comprendió que era una situación extraordinaria de aquellas que uno siempre imagina vivir; pero que está completamente segura de que no sucederán. Ante el asunto se dio cuenta de que era mejor no preguntar, sino hacer su trabajo.

-Quizá si va por la oficina de mascotas perdidas, no sé… Ehhh, está
un piso más arriba.
-Puedo llevarme el formulario? Para no tener que llenarlo de nuevo.
-S-si, claro
-Gracias.

La vio voltearse y emprender la retirada con el mismo apuro con el que hacía unos minutos irrumpió en aquella oficina; pero antes de que salga por la puerta -y sólo para no vivir con la duda- le preguntó:

-Señora.. es una broma, no?
-Le parece una broma?- le dijo ofuscada- Sabe cuántos sapos he
besado?!! Imagínese si él es el príncipe.


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