Posteado por: buenaventuras | febrero 13, 2006

Distraer la espera

Brújula es quizá la única razón por la cual compro el periódico los días sábados. Un suplemento sobre Literatura y arte que tiene artículos muy buenos. Este sábado pasado traía un artículo sobre lo extrañamente aliviador de leer a Samuel Beckett.

Yo, a Beckett lo leí en último año de colegio, y no porque me lo hayan pedido, sino porque tuve la suerte de tener un mes íntegro para estudiar en la biblioteca del colegio para un examen de los Mejores Bachilleres de la ciudad. Mientras todos estudiaban geografía, trigonometría y geometría analítica + física y química. Yo, me leí la biografía de Edison, dos libros de Beckett y uno de Alejo Carpentier. ¿Cómo me fue en el examen? Bueno, saqué el 7mo lugar entre 480 de los mejores alumnos de la ciudad, contesté los ejercicios de ecuaciones de segundo grado sustituyendo los valores de x/y de cada opción (a,b,c..) hasta encontrar la igualdad a 0. Y gracias a Dios, no hubo ninguna pregunta de química orgánica, (alguien se ha preguntado para que sirve aprender eso en el Cole?)

Bueno, de lo leído (ojo que leer a Carpentier es tan complicadito como una ecuación diferencial) me marcaron los dos libros de Beckett (El Innombrable y Esperando a Godot, el segundo más que el primero)

Descubrir y entender a ese hombre del que habla Beckett, ese “gusano” humano que vino al mundo sin haber nacido, que permanece en él sin vivir realmente y que sólo espera morir sin haber vivido, me cambió la forma de ver a quienes a mi lado estudiaban duro cómo resolver el teorema de Pitágoras o como aplicar esas fórmulas de física que descubren por qué cuando vas rápido y el otro viene lento, el que se hace mierda en el auto es el otro….. esa existencia-símbolo de la ignorancia, la soledad y la impotencia del hombre de nuestro tiempo. Hombre incapaz de hablar y de comunicarse, ese ser que no es nada y que no siente, cuya existencia es como la de un feto mudo e inerme que está condenado por toda la eternidad a oir su propia voz dentro de sí; una voz sin cuerpo, recluida en el fondo de su mente, obligada a repicar incansablemente, esa voz a la que este ser sin nombre y sin identidad (el Innombrable) sin redención ni pecado, debe toda su conciencia de vida.

Esperando a Godot, es a mi gusto la mejor obra de Beckett, no a muchos les gusta leer obras de teatro… en mi caso…el no tener una cartelera vasta y profunda de funciones de teatro en las tablas de los escasos teatros de la ciudad, ha llevado a mi imaginación a aprender a recrear estas piezas literarias como películas. A los personajes de Esperando a Godot lo único que los retiene en ese lugar (el mundo) es la promesa de ¿quién? de qué? vendrá.

Vladimiro y el otro (que no recuerdo ahora el nombre) esperan, y luego llegan Lucky (el esclavo bufón) y su amo.. y el aviso de que Godot no vendrá hoy, sino mañana. En el segundo acto, la insoportable comprobación ¿qué hacemos ahora?: Esperamos a Godot. Los recuerdos, el árbol.. la improbable cita, Lucky y el otro, desgastados por el tiempo, Lucky mudo, el amo ciego, y el mismo anuncio: Godot no viene hoy, pero sí mañana.. La noche cae, sale la luna, el tiempo pasa… los dias se van, pueden ser horas, meses, años.. y ellos cargan el peso del tiempo… Didi y el otro tratan de ahorcarse, , pero no pueden. Podrían caer diez telones en esta obra… y ellos continuarían envejeciendo, erosionándose, y Godot no acudiría a la cita… y ellos seguirían intentando ahorcarse, pero la cuerda volvería a romperse una y otra vez.

Los personajes de Beckett buscan la felicidad, la plenitud por encima de todas las limitaciones… el paso del tiempo y las situaciones (peores cada vez) son utilizados como otro motivo de felicidad.. o más bien del intento de afirmar esa felicidad. Aún en la soledad, esa soledad acompañada… o la compañía solitaria, que se hace evidente en otra de sus obras teatrales: “Días felices” (esta la leí durante el embarazo) Donde una mujer vive agradeciendo alegrías y lamentos, donde se saca partido de las cosas más absurdas para conseguir la felicidad.. . Esta mujer, Winnie, “vive” enterrada hasta el cuello rodeada de un paraguas, un bolso de mano, cepillo de dientes… y otros artículos ridículos… y al lado suyo, un esposo mudo; pero que está incesantemente allí.

Todos sus personajes afirman a uno solo: El Innombrable, el dibujo de ese hombre incapacitado para orientarse, para saber qué es y dónde está; y que durante todo un monólogo trata de adjudicarse un nombre, un lugar, un tiempo… y a quien sólo acompaña su voz y el silencio:
“ no pediría otra cosa de mi, que saber que lo que oigo no es el sonido inocente y necesario de cosas mudas constreñidas a permanecer, sino la palabrería impregnada de terror del condenado al silencio”.
La obra de Beckett es un grito de rebeldía, de rebeldía hacia sí mismo….. hacia ese distraer la espera de ese algo que se sabe es; pero cuya esencia se desconoce.

Este distraerse, este “hacer hora”… es lo que constituye la vida, hay quienes distraen esta espera en la rutina, el trabajo… hay quienes hacen algo, hay quienes no hacen nada más que esperar, pero todos esperan. ¿a quién? ¿a qué? A la muerte quizá, a la felicidad, la plenitud, la calma… pero ella siempre está ahí, “la puta del vestido verde”, así la llamó Cortázar… “la esperanza”.


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