Posteado por: buenaventuras | diciembre 9, 2005

La noche y las palabras

Particularmente el bandoneón me parece una llave hacia mis más profundas verdades, cuando llueve. Escucho Pugliese y tengo a la noche detrás de mi puerta y las ventanas, en una constante conflagración de paredes indecisas.

Afuera, sobre papel en blanco, mi lenguaje es como un patio de palabras que respiran, que caminan, que hablan…

Me gusta la llovizna, es como el aire humedecido por el tiempo… como el tiempo que llora, finito y suave… que llora con tranquilidad, con desapego, hasta con dulzura…

Un instante… infinito mientras dura… lloviendo finito y suave… como cada complicidad tuya, pequeñita y dulce… humedeciendo mi tiempo… no importa dónde… son como pasitos en mi casa, en mi alma… Entran cubriendo toda esta página, donde no estás y estás… porque la llovizna es así.. es tan suave que no importa mojarse, porque de pronto, de la humedad germinan las cosas que viven…

Y puede que sea un espacio a la deriva, uno de esos espacios que está allá y acá al mismo tiempo… por que es ese tiempo humedecido, pequeñito e infinito mientras dura… que sonámbulo habla conmigo como si fuera con vos y viceversa… porque el aire humedecido, porque esta llovizna, no es un agua corriente, son las lágrimas tranquilas del tiempo… que llora alegremente su desapego… y habla … como te hablo yo a vos… con sabor y olor… porque las palabras tienen sabor y olor como cualquier otra cosa…

Así, aunque sean imperceptibles al tacto, se desprenden de si mismas para tocarte…sintiendo al pasar esta llovizna, esta humedad del tiempo pequeñito e infinito que envuelve nuestros nombres y las palabras con las que te hablo… porque al final de cuentas vos sos también eso: una palabra… ; y al mismo tiempo, el puente que me lleva a esa palabra que sos vos… ; y para cruzar ese puente, yo me convierto también en letras.. . que forman una palabra igual… que a veces es risa, a veces susurro y otras silencio…porque el silencio es también una palabra, como la ausencia y la nostalgia… que son palabras que también cruzan este puente, en ambos sentidos; pero a veces no las quiero, esas palabras… no las quiero; y la palabra que soy yo, la convierto en un fantasma; y la palabra que sos vos, en murmullo de llovizna… para que ellas se sientan perdidas en el puente y no te toquen, y no me toquen… porque la palabra que somos tiene cara y nombre…; y ojos que nos miran, que hacen de esa palabra que sos vos y esa palabra que soy yo, una presencia; y también una ausencia, uniéndose al mismo tiempo por ese puente… que es quietud y movimiento de palabras… de esas palabras que somos, que se miran interminablemente en un espejo y que entran por la ventana y no por la puerta de esta casa, porque como dice Gelman , por una puerta se entra a muchos sitios, al trabajo, al cuartel, a la cárcel, a todos los edificios del mundo; pero no al mundo, ni al alma…, ni a este instante de palabras…que son como el agua, el agua finita que llueve sobre el tiempo… humedeciendo este espacio que no es espacio, que es como un conjuro de palabras en el que nosotros escribimos nuestros nombres condensando e inventando el mundo; y aprendemos a quedarnos quietos, porque quedarse quieto también es una forma de caminar sobre este puente y aprender a mirar, porque las miradas, aunque sólo parezcan ser anécdotas y fotos, también son palabras, suspendidas en el tiempo humedecido por el aire de llovizna, como este instante pequeñito e infinito en que tus ojos recorren -silenciosos- esta página.


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