Posteado por: buenaventuras | noviembre 3, 2005

Santos improperios, feroces devociones

Nació: 13 de diciembre de 1797
Lugar de nacimiento: Dusseldorf, Alemania
Sexo: Masculino
Religión: Judía
Murió: 17 de febrero de 1856

Lugar de su muerte: Paris, Francia
Causa de su muerte: No especificada. Dado el cuadro final, probablemente, Sífilis.
Restos: Enterrados en el cementerio de Montmartre.Paris, Francia
Ocupación: Poeta

Heinrich Heine, es considerado como el último romántico, o el primer post-romántico. Rebelde en fondo y forma, tomó lo que aún era de los románticos en cuanto a forma, y lo renovó a su antojo. Su obra está llena de amor, ironía, política y nostalgia.

Se autoexilió en Francia, porque Alemania, su tierra natal, no supo jamás comprenderlo. Tildaba de hipócrita la postura política revolucionaria, “en público predican agua, a escondidas toman vino”, decía de aquellos que escribían sobre
la Revolución.

Alemania censuraba sus escritos e incluso la policía tenía órdenes de arresto listas para cuando él apareciera por la ciudad. Y es que Heine estaba más interesado en un futuro basado en la revolución de la alegría y la sensualidad, y no le preocupaba mucho la parte institucional de ese futuro. Como escribió Gelman hace un tiempo en un artículo de Página 12 , “le importaba el movimiento interior de una sociedad libre”. “Pensaba con el corazón”, como lo distinguió su biógrafo Fritz J. Raddatz; “sentipensaba” como diría Galeano.

Se podría decir con esto que Heinrich, o Enrique Heine era un visionario de la sensibilidad poética del siglo XX , no por nada a pesar de haberse ido contra el marxismo, Marx mismo adoraba leerlo… y aunque se hubiese sentido confundido por esa dualidad que hacia que Heine cuestione el poder; pero al mismo tiempo no se considere en Amigo del Pueblo, decía de él, defendiéndolo, que “la crítica no es una pasión del cerebro, sino el cerebro de la pasión”. Y abiertamente prefería su poesía antes que la de Hermann Freiligrath , poeta oficial del partido. Y bueno, Marx hizo bien en preferirlo, no? Freiligrath empezó trazando ardientes versos revolucionarios y terminó escribiendo el himno de los dueños de la industria.

Lo cierto es que en la poesía de Heine se hace evidente este amar y repudiar su tierra natal. En un poema escribe:

“Pensar en Alemania de noche/
me tiene despierto hasta el amanecer,/
no puedo cerrar los ojos y dormir/
por las ardientes lágrimas que lloro”

y en otro no titubea en maldecir:

“…a la patria traidora,/
donde gobiernan la vergüenza y el deshonor,/
donde cada flor se detiene en el capullo,/
donde la descomposición y la decadencia alimentan a los gusanos en el lodo”.

A Heine lo conocí cuando yo tenía 23, gracias a un muchacho ruso que no hablaba más que de poetas afectados por el “mal du siècle”, el romanticismo. Yo me sentía en la necesidad de también hacer gala de mis lecturas de fines del siglo XIX; pero él muy sensato siempre me decía: es que no podrías comprender a plenitud a “los malditos” si no has leído a “los románticos”. Y no podrías comprender a los románticos si nos has leído a Heine.

Admito que en un comienzo me costó mucho, la verdad que Heine no es uno de esos poetas que te fascina en la primer lectura, y encima las traducciones que conseguí no eran tan buenas, así que lo dejé ahí. Hace unos meses, cuando estuve en Buenos Aires, encontré en una librería de Corrientes un libro de Heine, de comienzos del 1900, una joya… las páginas con su poesía están decoradas con dibujos a pluma y aún conserva en medio de sus hojas, flores secas que aquel o aquella que fue su dueño/a antes que yo, guardó como recuerdo de algún añorado amor.

Creo yo, que esta vez me topé con una muy buena traducción, o será acaso que el libro cayó en un momento distinto de mi vida, lo cierto es que sólo hasta entonces pude apreciar la musicalidad de sus rimas; y reconocer en su música, ese paradigma del poeta solitario que en sus versos expresa la melancolía y la añoranza de lo perdido, ese alma angustiada por su propia sensibilidad, demasiado lúcido como para sobrevivir en un mundo que calificaba de hostil y monótono; pero Heine trascendió el romanticismo y coronó su vida con un único protagonista: el desgarro…

“Querido lector, si quieres lamentarte del desgarro, harías bien en lamentarte de que el mundo se haya roto en dos partes. Y porque el corazón del poeta es el centro del mundo, se desgarra de modo lastimero en el momento presente. El que se vanagloria de tener el corazón intacto sólo admite tener un corazón provinciano y prosaico. Por el mío corrió el gran desgarro del mundo y por ello sé que los grandes dioses me han favorecido ante muchos otros, estimándome digno del martirio de ser poeta”.

Su melancolía no venía sólo de los amores perdidos, venía de una raíz muy diferente a la que se había visto hasta entonces en los románticos, venía del mundo, venía de su autoexilio, venía de sentirse marginal en su propia tierra….“Si Alemania no lo quiere, lo adoptamos –dijo en algún momento Alejandro Dumas–. Desgraciadamente, Heine ama a Alemania más de lo que ésta se merece”.

En el Libro de los Cantares, que es el que acabo de leer (incluido en el mismo, el Intermezzo, Las Cuitas Juveniles, El Regreso y algunos poemas extras)… encontré a un poeta con un genio de doble cara, sus versos a veces son dulces, delicados, sutiles, y en un instante se apodera de ellos un alma infernal, de ironía maligna, que se vale de las palabras como si fueran flechas envenenadas para matar a sus enemigos… luego de asesinarlos se pone triste, suave, soñador… y luego ríe con malicia y cinismo… Pasa de ángel a demonio en fracción de segundos….

Una vez le escribió a un amigo: “ ¿no te estremeces de espanto, Cristian? Tiembla, tiembla, como yo tiemblo. Quema esta carta. ¡Apiádese Dios de mi! No he sido yo quien ha escrito esas palabras. Está sentado en mi silla un hombre pálido y demacrado que las ha escrito. Es que sonó media noche. El loco es irresponsable.”

A pesar de esa naturaleza contradictoria donde bailaban al unísono la ternura y el sarcasmo, la fantasía y la reflexión, la felicidad y la tristeza…, hay quienes dicen que en realidad él no fue el hombre de las contradicciones, sino el hombre de las contrariedades…

Ocho años, los últimos de su vida, los pasó en cama, y no como lo hubiese deseado, porque se describía a sí mismo como un amante apasionado, sino en un “colchón ataúd”. Los médicos hablaban de un mal congénito; pero ahora hay un cierto acuerdo en que fue una sífilis que derivó en una “meningoencefalitis difusa luética” o parálisis general progresiva. “…caro lector, si te he metido entre mujeres de mala vida, como suele decirse, por lo menos tienes el consuelo de saber que la caída no te ha costado tanto a ti como a mi”.

En sus últimos días estaba ya medio ciego y sólo podía mover la pluma, aún así continuó escribiendo poemas de amor y poemas políticos. Él mismo explicó que su pecho era “un archivo de sentimientos alemanes”. Sus biógrafos cuentan que en su último minuto de vida, pidió a la enfermera un lápiz y un papel, intentó; pero no logró escribir ya nada, y expiró.

“De mis ansias, tormentos y querellas
es este libro humilde panteón;
al hojear sus páginas, en ellas
aún sentiréis latir mi corazón.”

INTERMEZZO 1822-1823


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: