Posteado por: buenaventuras | septiembre 23, 2005

1983

“Cuando yo era chiquito todo quedaba cerca cerquita, 
para llegar al cielo no más bastaba una subidita. 
El sueño me alcanzaba para ir tan lejos como quería, 
 cuando yo era chiquito yo si podía, yo si podía. ”
Silvio Rodriguez Dominguez 

Cuando nos trasladamos a la casa en la que vivimos hoy,  nuestra casa, tenía un lote baldío a la derecha, otro a la izquierda.. y así hasta llegar al final de la calle, sólo habían dos casas. Podría decirse que por ese año (1983) ese era literalmente el fin de la ciudad. O por lo menos las afueras.

El lote baldío de la derecha se convirtió en un pequeño callejoncito que acortaba el camino hacia la rotonda dela Av.  Piraí y tercer anillo.  Habían monos en los árboles, estos chiquitos amarillos a los que le ponen traje de charro mexicano y los hacen ver visores o sacar  mensajes de la rueda de la fortuna, en las ferias callejeras… y los hay también en el Zoo.

Este callejoncito, estaba lleno de jarajorechis rojos, flores hermosas que no he vuelto  a ver más por la zona, la verdad no las he vuelto a ver más…en ninguna parte, excepto en fotos, pero no se llaman jarajorechis, sino Amaryllis elegans var divifrancisci   o algo así.

Yo tenía 5 años cuando nos trasladamos, mi hermano 9… fue en uno de esos jeepcitos Willy. Creo que era azul.

Al frente de nuestra casa vivía una familia muy numerosa, de esas en las que viven los hermanos, las cuñadas, los suegros, los hijos, primos y obviamente los abuelos, y siempre algún pariente en tránsito o de visita. Era un terreno dos veces más grande que el de mi casa, lleno de árboles frutales, y flores.  Ahí conocí a mi primer amiga de infancia: Anny…

En esa temporada, las casas no tenían rejas  de entrada, al menos ni la mía ni la de las otras dos casas en la calle las tenían, tenían unos alambrados. Anny andaba con  dos hermanos menores y una prima. Y nos juntábamos en las tardes en un  árbol de manga que quedaba justo en la entrada que daba al frente de mi casa. (A la casa de Anny se podía entrar por 3 diferentes ángulos.)

Anny me enseñó todas las malas palabras que en esa época estaban de moda, y también me enseñó a comer el gusano de la calucha. La abuela Constanza,  era la jefe de familia. Era médico naturista, fumaba charutos o se hacía sus propios emponchaus todo el tiempo; y tenía un árbol de palo santo que cuidaba más que su propia vida. 

Mi casa no ofrecía la misma variedad de espacios de juego, así que las reuniones siempre eran en el árbol de manga de la casa de Anny. Alguna que otra vez traté de fundar una sucursal en el guayabo de mi casa; pero me fue imposible… en  la casa de Anny también había un guayabo, y más grande, y viejo…

Las cosas cambiaron un poco cuando  mi papá compró una antena exterior, y podíamos captar más canales en la TV, entonces todos querían ver la tele; pero sólo fueron unas dos semanas, al final,  el mango  de la casa de Anny, se impuso… 

Algunos meses después, descubrimos que habían más niños en las calles aledañas… El mango era inmenso, así que no lo mezquinamos; pero por alguna razón,  los niños sólo fueron a  dos reuniones… y no quisieron regresar.

Cuando Anny no estaba o estaba castigada,  las reuniones se hacían en el guayabo de mi casa, donde teníamos una bolsa de refrescos en polvo, que comíamos a escondidas.

La familia de Anny tenía una jauría de perros en la casa… nosotros teníamos gallinas y gallos de riña. Cuando la época de manga pasaba, las reuniones se hacían en el otro lado de la casa de Anny, donde había un árbol de cupesí inmenso  y a su pies, el esqueleto abandonado de una peta modelo 70’s.

Las cosas cambiaron cuando al año siguiente, el árbol de guayabo que había en casa de Anny se enfermó.. y las guayabas estaban todas agusanadas. Mi guayabo se convirtió en el rey del barrio… y las reuniones se hacían ahí, con la afluencia de los niños de las otras calles. 

Con los años, las calles se poblaron, los alambrados se convirtieron en rejas,  los monitos desparecieron al igual que las flores de jarajorechi,  el cupesí se murió,  algún pelau travieso le tiró un hondazo en el ojo al gallo líder de mi casa y este terminó matando a todos los otros.  Mi madre hizo un patio trasero de cerámica esmaltada, a costa de la vida del guayabo, y cuando esto pasó, misteriosamente, el árbol de chirimoya se secó, el de lima se enfermó… La casa de Anny se convirtió en un Clínica de Reposo Mental y bueno… sucedieron todas esas cosas que vienen con el “progreso urbano”.

Solíamos organizar excursiones para pescar  pececitos de colores con malla milimétrica en el canal, en el que ahora sólo hay basura. Mi hermano madrugaba los fines de semana a cazar los tapitíes que bajaban a tomar agua del canal. Ahora no hay nada de eso, yo no conozco a los que viven al frente, el lote baldío de la derecha, se convirtió en un conventillo donde viven familias distintas cada un tiempo. 

Anny no se despidió,  lo único que recuerdo fue a  su hermanito menor que colgado de la parte trasera del camión de traslado, dijo al irse: Adiós mundo cruel…

Hoy  tengo una hija   con los mismos años que tenía yo la primera vez que llegué al barrio. Pero   ahora las rejas son bardas altas con portones de madera cerrados, las bicis andan dando vueltas en el patio trasero de cerámica esmaltada. No hay niños jugando tuja en la calle.  A ella le ha tocado inventarse historias, y no  vivirlas con otros niñitos en el barrio. Son tiempos distintos, no sé si mejores o peores…  Pero a veces extraño el pachío que había en mi casa, no es lo mismo que tener una  de esas islas con palmeras brasileras…  que están de moda en esto de la decoración de jardines. 

Cuando me dolía la panza, no había más que ir  al patio de atrás y arrancar unas cuantas hojas de cedrón, o sacarle algunas hojas al árbol de palta.. y hacer una infusión., de todas maneras ahora hay como 3 farmacias en las tres cuadras a la redonda, por si se necesita comprar un Dioxadol o un Viadil, cuando duele la panza.

Hace poco me compré un terrenito en San Miguel de Velasco, pensando en mi hija… y las posibles “Anny y compañía” que ella pudiera conocer si viviéramos ahí… en cruzar de casa en casa para jugar con otros niños… o juntarse en algún árbol por ahí… jugar tuja y otras cosas… que yo hice cuando era niña…

Me acosa la nostalgia en estos casos también… 

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: