Posteado por: buenaventuras | junio 26, 2005

La fábula del Curucusí

De esta tiene la culpa Constantine. Vi la película y dije: Si este tipo le hizo frente al mismísimo diablo y fue y volvió del infierno como cualquier bicoca.. yo dije…bah! Por qué no? 

Y ahí tá.. me embarqué en  esta fábula, que más que fábula de lo breve fue como una mini ficción, de lo intenso como un cuento de Cortázar… uno de los más raros, inexplicable de principio a fin.. uno de esos en los que nunca te diste cuenta del inicio hasta que estuviste ahí preguntándote todo el tiempo y cada vez.. ¿qué estoy haciendo? ¿qué estoy haciendo? ¿qué estoy haciendo?…

Y cuando ya la pregunta dejó de joderte la cabeza – porque a veces la culpabilidad se cansa y se va- entonces  el final te cae como sopapo y decís … a ver barájenmela más despacio… ¿de qué me perdí?? ¿Qué pasó?

Entonces la mentira suele ser tu mejor aliada para  pasar de un brinco del reconocimiento a  la aceptación… aunque a partir de ahí las acciones en función de…  resulten ser  pasos medio epilépticos… incoherentes entre si… y con vos mismo…

Empecé como yo, con tango, vino y quesitos viejos…  terminé escuchando rancheras patéticas y comiendo galletas con relleno de chantilly y chocolate.

Él,  creo que era más simple, optó por no mirar más allá de lo que quería ver, a pesar de que siempre decía que le gustaban las sorpresas, creo que  en el fondo las sorpresas eran lo que menos esperaba, así le fueron las cosas más fáciles.  

Siento que no le importó abordar la cuestión esencialmente.. y mientras él  se debatía por dejar de lado la ansiedad del deseo… yo me preguntaba todo el tiempo… ¿qué es esto? ¿qué es? 

Bueno.. tema archivado en bandeja de asuntos resueltos onerosamente.

Sentimientos?  Si.. a toda velocidad y muy intensos, incontrolables a ratos; pero perceptibles.. y sinceros,  (al menos lo fueron de mi parte).

Expectativas?? No hubo tiempo… Aunque él se haya ido volando creyendo que no pudo cumplir mi sueño… lo cierto es que en realidad jamás hubo ninguno (al menos no  en función de él) Como que yo todavía estaba en la introducción cuando él ya estaba en el nudo… y obviamente él llegó al final cuando yo aún estaba en el clímax…

Un problema de velocidad…  no sé si yo fui muy lenta, o él muy rápido, lo cierto es que   los únicos momentos de paz, eran  aquellos en los que no se pensaba en nada.

Puedo utilizar  con razón un término absolutista, NUNCA mentí; pero me quedé con un sabor a mentira que  ni con maracuyá se me fue.

Momentos lindos? Si, muchos; pero proporcionales a los no-lindos.

El curucusí, también llamado  “luciérnaga”  en castellano bien hablado, es un bichito boningo  de cuya luz podés disfrutar sólo más allá del cuarto anillo. Así se disfruta de él, en la clandestinidad de la noche, siempre… Bicho interesante… en cuestión;  pero de corta vida…

Yo me fui de viaje, y al volver… la cosa había terminado… yo ni me enteré… Es difícil aceptar las decisiones en las que  no te toman en cuenta, por dignidad. Me enojé? Obviamente, y mucho. Se me pasó? Y.. si… claro,  rencorosa no soy…  Pero si esa era la dinámica, entonces yo también tomé mis decisiones sin consultar. Se enojaron? La verdad no sé, no me di la molestia de preguntar. 

Él, creyó no poder darme lo que en ningún momento le pedí. Yo,  sentía cierto placer al dar lo que nunca me pidieron y tomar lo que tampoco me ofrecieron. Fue como la Obertura de 1812 tocada por la banda de los pitufos, cada cual tocaba la nota que quería. No hubo manera de afinar. Quizás yo pensaba estar en el primer movimiento…. Y si, quizás también él lo estaba; pero de la Sinfonía Inconclusa de Beethoven. Hicimos bulla; pero no música. Pasa cuando uno es amateur.

Esta fue una de esas historias que preferís no despedirlas por la puerta, sino tirarlas por la ventana porque te desespera no entenderlas… porque no estás hecha para vivirlas,  simplemente porque como has vivido toda tu vida en la selva, se te hace traumático vivir en un iglú… y mucho más si es de alquiler.

Como la cosa se me hacía difícil de aceptar (normalmente no acepto lo que no entiendo), recurrí a cierta asesoría legal, porque en mi parecer, yo estaba en lo correcto.  Cambié de opinión,  al tiro….los términos jurídicos aunque tengan mucho de figuras literarias, son irreductibles y claros. Aunque en un comienzo uno intente utilizarlos de justificativos.

En resumen y en fácil (mi padre lo explicó muy largo y sentencioso), éste fue mi proceso de entender, aceptar y pasar inmediatamente a la acción:

La usucapión es un modo de resolver un problema que de otra manera no tendría solución. Supongamos que un bien (en este caso, él) es  abandonado largo tiempo por su dueño. Otra persona (en este caso , yo) lo ocupa, lo posee, lo trabaja. Pero no tiene título. De no mediar la usucapión estaría siempre expuesto a una reivindicación originada en títulos  de 10 ó 15 años atrás (la ley habla de 100 ó 200).

En esas condiciones, con un perpetuo peligro sobre sus derechos, que no tiene forma de eliminar, el poseedor (otra vez, yo) se desanima, no hace mejoras, no invierte; en una palabra, no hace producir al bien todo lo que podría dar una explotación intensiva…

Era muy complicado, muchas responsabilidades, mucho esfuerzo y encima muy riesgoso… además quién sabe y yo no tenía ganas de usucapir, porque por ahí no buscaba la seguridad del derecho de propiedad. Sino simplemente ejercer  no más el usufructo.

Pero………..

El usufructo, visto como derecho real de usar y gozar de una cosa cuya propiedad pertenece a otro,  debe ser ejercido de tal forma que el uso y el goce de la cosa no altere su sustancia. Por eso del  salva rerum substantia, un viejo principio que viene de las Institutas del emperador Justiniano (una pequeña cuota de historia, para adornar).

Esto significa que el usufructuario (o sea, yo) no sólo no tenía el derecho de disponer (éste lo tenía el dueño), sino que tampoco podía usar y gozar de la cosa con la amplitud que podía hacerlo el dueño,  y debía abstenerme de  incurrir en actos que alteren  la sustancia de la cosa, o sea que este salva rerum substantia quiere decir que  el usufructuario no podía alterar el destino de la cosa… al menos no dentro de lo pactado…   

Y yo lo hice (creo que soy de la generación Pepsi  “Pide más”),  sin querer queriendo,  alteré la sustancia de la cosa, y eso es un delito  civil,  y si hacía daño a la persona (cosa de la cual aún no estoy completamente segura de no haber hecho), hubiese sido un delito penal…

Muy complicado también… mucho muy…

Renuncia gratuita (yes! Para todo hay salida), reconocida jurídicamente como  liberalidad. Totalmente legal, aunque algunos digan que es indispensable la aceptación del beneficiario, otros (los que yo escogí escuchar) opinan que se trata de un acto unilateral, que no exige aceptación de nadie y no está sujeta a formalidades.

Moraleja?? 

Hijinga, buscáte un trabajo extra, la ociosidad no sólo es la madre de todos los vicios, sino que te  puede convertir en un delincuente…  Y aunque el curucusí haya tenido no más su dote de seductor paliativo de soledad, y  la adrenalina  sea imperdonablemente excitante…,   por ahí te muerde un perro sin decirte Guau. Me pasó a mi la otra vez.

¿Cómo iba yo a saber que la hidalguía era el pijama a rayas del talego;  y la ambición un perro policía? J. Sabina.


Responses

  1. interesante, pero por si te interesa un poco más escolástico
    http://penelope.uchicago.edu/Thayer/E/Roman/Texts/secondary/SMIGRA*/Ususfructus.html

  2. …de cómo buscando el significado de la palabra curucusí, me encontré con un drama de la década pasada… lindo texto!!


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